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누가복음 19장 Sagradas Escrituras (1569)

Sagradas Escrituras (1569) · 스페인어 · 누가복음 (Luke) · 48절

  1. 1 Y habiendo entrado Jesús, pasaba por Jericó.
  2. 2 Y, he aquí, un varón llamado Zaqueo el cual era príncipe de los publicanos, y era rico.
  3. 3 Y procuraba ver a Jesús quién fuese; mas no podía a causa de la multitud, porque era pequeño de estatura.
  4. 4 Y corriendo delante, se subió en un árbol sicomoro, para verle; porque había de pasar por allí.
  5. 5 Y como vino a aquel lugar Jesús, mirando le vio, y le dijo: Zaqueo, dáte priesa, desciende; porque hoy es menester que pose en tu casa.
  6. 6 Entonces él descendió apriesa, y le recibió gozoso.
  7. 7 Y viendo esto todos, murmuraban, diciendo, que había entrado a posar con un hombre pecador.
  8. 8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo vuelvo con los cuatro tantos.
  9. 9 Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto también él es hijo de Abraham.
  10. 10 Porque el Hijo del hombre vino a buscar, y a salvar lo que se había perdido.
  11. 11 ¶ Y oyendo ellos estas cosas, prosiguiendo él, dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem; y porque pensaban que luego había de ser manifestado el reino de Dios.
  12. 12 Dijo pues: Un hombre noble se partió a una tierra lejos, a tomar para sí un reino, y volver.
  13. 13 Y llamados diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociád entre tanto que vengo.
  14. 14 Empero sus ciudadanos le aborrecían; y enviaron tras de él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.
  15. 15 Y aconteció, que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar a sí a aquellos siervos, a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.
  16. 16 Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.
  17. 17 Y él le dice: Está bien, buen siervo: pues que en lo poco has sido fiel, ten autoridad sobre diez ciudades.
  18. 18 Y vino el segundo, diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas.
  19. 19 Y asimismo a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.
  20. 20 Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañizuelo.
  21. 21 Porque tuve miedo de ti, pues que eres hombre severo: tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.
  22. 22 Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu boca te juzgo: sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré;
  23. 23 ¿Por qué pues no diste mi dinero al banco; y yo viniendo lo demandara con el logro?
  24. 24 Y dijo a los que estaban presentes: Quitádle la mina, y dádla al que tiene las diez minas.
  25. 25 (Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.)
  26. 26 Porque yo os digo que a cualquiera que tuviere, le será dado; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.
  27. 27 Mas a aquellos mis enemigos, que no querían que yo reinase sobre ellos, traédlos acá, y degolládlos delante de mí.
  28. 28 ¶ Y dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalem.
  29. 29 Y aconteció, que llegando cerca de Betfage, y de Betania, al monte que se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos,
  30. 30 Diciendo: Id a la aldea que está delante, en la cual como entraréis, hallaréis un pollino atado en el cual ningún hombre jamás se ha sentado: desatádle, y traédle acá.
  31. 31 Y si alguien os preguntare: ¿Por qué le desatáis? le diréis así: Porque el Señor le ha menester.
  32. 32 Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron, como él les dijo.
  33. 33 Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?
  34. 34 Y ellos dijeron: Porque el Señor le ha menester.
  35. 35 Y le trajeron a Jesús; y echando ellos sus ropas sobre el pollino, pusieron encima a Jesús.
  36. 36 Y yendo él, tendían sus vestidos por el camino.
  37. 37 Y como llegasen ya cerca de la descendida del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, regocijándose, comenzaron a alabar a Dios a gran voz por todas las maravillas que habían visto,
  38. 38 Diciendo: Bendito el rey que viene en nombre del Señor: paz en el cielo, y gloria en las alturas.
  39. 39 Entonces algunos de los Fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos.
  40. 40 Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si estos callaren, las piedras clamarán.
  41. 41 Y como llegó cerca, viendo la ciudad, lloró sobre ella,
  42. 42 Diciendo: ¡Ah, si tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que toca a tu paz! mas ahora está encubierto a tus ojos.
  43. 43 Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con trinchera; y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho;
  44. 44 Y te derribarán a tierra; y a tus hijos, los que están dentro de ti; y no dejarán en ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.
  45. 45 Y entrando en el templo, comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban en él,
  46. 46 Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
  47. 47 Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los príncipes del pueblo procuraban matarle.
  48. 48 Y no hallaban que hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.

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